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Premio Almuzara de Pintura
Carlos Tárdez: «Me gusta pintar desde la falta de respeto»
El artista madrileño, ganador del IV Premio Almuzara de Pintura, reflexiona sobre el paso del tiempo, su proceso creativo entre la pintura y la escultura, y dos décadas de trayectoria artística.
10/01/2026

El autor, Carlos Tárdez, entrevistado por la periodista Gema Pajares

Carlos Tárdez nació en Madrid, aunque por lazos familiares está muy vinculado a Asturias. Algunos de sus amigos le dicen que parece un “falso joven”, que es imposible que tenga la edad que tiene, cerca de los cincuenta, pero sin haberlos cumplido aún. Llegó al Premio Almuzara de Pintura porque le hablaron de la convocatoria y él vio que encajaba por su relación con la figuración y con la narrativa. Es admirador de la fotografía y le hace gracia que, de vez en cuando, le digan que sus cuadros parecen fotos: “En cuanto te acercas, está claro que lo que tienes delante es una pintura”, cuenta con desenfado. Es “bastante matérico” y le gusta marcar con la pincelada.

La niña de “Todo y nada más”, obra ganadora del IV Premio Almuzara de Pintura, es su hija.
Sí. Es una foto de hace unos años, cuando tenía seis. A través de ella, que se llama Gala, y de esta obra es mi manera de plantearme el paso del tiempo, ese tiempo que se nos escapa día a día entre los dedos. Ella está leyendo, absorta, totalmente concentrada. Creo que el ensimismamiento le da un toque interesante. Mis tres hijos han sido mis modelos para algunas de las series que he pintado.

¿Y el añadido del grafiti, unas alas?
Me parecía un toque perfecto. Soy admirador de esta técnica y era una manera de echarla a volar y darle alas. Gracias a los libros uno puede viajar sin moverse del sillón, como hace ella.

¿Se ha movido siempre en el realismo?
Siempre. Me gusta beber de los clásicos, revisitarlos, porque sus lenguajes son muy actuales. Llevo exponiendo desde 2004 y, aunque he nacido en Madrid, estoy muy vinculado a Asturias por mi familia. La primera galería en la que expuse es Van Dyck. Han pasado ya veinte años y sigo con las mismas ganas.

Y a lo largo de esos veinte años, Carlos Tárdez ha pasado por galerías que fueron y que hoy ya no están, como la madrileña Alfama, o como la asturiana en la que empezó. Ahí tuvo su primera oportunidad y no puede estar, lo confiesa, más agradecido de aquel empujón. Así define su trayectoria: “Mi camino como pintor y escultor ha sido un proceso de descubrimiento. He experimentado con diversas técnicas, materiales y estilos, buscando siempre la manera de capturar lo intangible. El arte no es solo lo que hago, sino lo que soy”.

¿Le interesa la abstracción?
Me encanta. Como artista figurativo me interesa mucho la narrativa de la obra, aunque creo que mis composiciones tienen bastante de abstractas.
Veinte años dan para mucho. Incluso para pensar en repensar.

¿Le han dado ganas de tirar la toalla?
He sido bastante cabezón toda mi vida y me he empeñado en seguir y en estar ahí porque disfruto con lo que hago. Este es un trabajo de resistencia. Aunque, por circunstancias, tuviera que dedicarme a vivir de otra cosa, seguiría pintando. Me recuerdo desde niño siempre con la obsesión por dibujar. Mi padre nos pintaba dibujos para que los hermanos los coloreáramos. Lo mío es de toda la vida.

Usted pinta y es escultor. ¿Lo compagina?
Sí. Puedo estar con varios cuadros al mismo tiempo y una escultura. Me gusta tener varias cosas empezadas, ir de una a otra. Compagino ambas facetas. Es como quien tiene en la mesilla varios libros que lee al mismo tiempo. Todos le aportan y de todos saca algo bueno, pues yo, igual. Siempre llevo encima un libro con mis bocetos, me acompaña. Si se me ocurre una idea, algo que quiero desarrollar lo anoto porque la idea puede surgir en cualquier momento, estés donde estés.

¿Qué pintor le ha marcado?
Velázquez. Cuando voy al Museo del Prado no me detengo delante de “Las Meninas”, que también, sino que voy a buscar, a mirar lo que nadie mira, lo que puede pasar desapercibido al ojo común. Me fijo en un detalle, una luz. Sus pinceladas son tan hábiles… Admiro a Richard Tennant o a Justin Mortimer, también a compañeros de generación de los que aprender…

Lleva veinte años pintando y esculpiendo. Imagino que la manera de ver hoy no es la misma que cuando empezó.
Ha cambiado bastante. Hoy, los chavales quieren ver una obra de arte, un cuadro o una escultura, como se ve en el móvil y no como es la obra. Y esa manera de ver no es la real. Por ejemplo, el blanco de plomo es un pigmento mineral que refleja la luz de una manera particular y única, diferente. En el móvil no lo vas a poder apreciar nunca. La pantalla es muy vistosa, sí, pero para apreciar una obra de arte tienes que encontrarte frente a ella y verla en directo.

Cuenta Tárdez que se mueve entre el simbolismo y la transgresión, de ahí el spray negro de las alas de Gala. “Me gusta pintar desde la falta de respeto. Cuando pinto con la mano encogida no soy yo. Frente a un cuadro que está aparentemente terminado, lo lijo, lo ataco para poder trabajar con lo que queda. Es la idea de reconstruir con los escombros, de levantar algo nuevo con lo que queda. Me gusta el vestigio, la ruina más que lo brillante, lo que se cuenta desde el residuo”.

No le faltan las exposiciones.
No me puedo quejar. Actualmente, estoy exponiendo las últimas obras que he hecho en Seltz, en Barcelona, hasta el 17 de enero.

¿Se puede vivir de la pintura?
Se puede. Yo lo hago y estoy francamente contento. Toco madera. Disfruto cada minuto de mi trabajo, aunque no es el oficio más aconsejable si quieres hacerte rico.

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